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martes, 5 de septiembre de 2017

Modas & tendencias




Te clavo el visto

Cada vez son más los usuarios de Whatsapp que utilizan los grupos para coordinar un horario en común en el que masturbarse. La tendencia no tiene una finalidad explícita más que hacer un poco más llevadera la jornada, y la pregunta obligada es una sola ¿les parece a las 14:00?

Si conoce alguna otra moda o tendencia que le gustaría compartir, no dude en hacerlo en los comentarios.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Día de la Plena

Hoy es el día de la plena, la verdad es que no conozco del tema, pero me pone contento que si hay gente que le gusta y quiere tener un día que lo tenga.


Los dejamos con este tema precioso de Gustavo Plena y lo invitamos a que nos comparta sus temas favoritos y que nos cuente un poco de qué se trata.

¿Cuales son los rasgos característicos de la plena?
¿Toda la música tropical uruguaya es plena? Denos ejemplos de canciones tropicales uruguayas que lo son y de canciones tropicales uruguayas que no lo son (si existen).

Regálesno su conocimiento, ¿qué le cuesta? si tiene para tirar para arriba.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Especial de salame y queso... de cerdo

¿Qué cosa es lo qué más odia un almacenero?
No es que se mude el que le debe dos meses de fiado; o que lo afanen a las tres de la tarde cuando todos duermen la mona y él decidió estar al pie del cañón para hacer un manguito; o que le caiga DGI o bromatología.
Lo que más odia un almacenero es cortar fiambre.
Sí.
Imagínense ustedes intentando manipular esas moles de pasta carnosa que más se parecen a un paté que a una colita de cuadril y que dependen de una correcta refrigeración para no darnos la imagen de una abominación culinaria. Se imaginan, en caso de que les guste la idea de manipular eso; imagínense intentando cortarlo en finas fetas, de forma tal de que queden parejas y encima intentando calcular el peso. Ahí ya se perdieron, no se imaginan más ustedes, lo ven al Harry haciéndolo y piensan: “Qué pelotudo, me lo cortó como la mierda”. Pero el pobre Harry además de manipular la mole de fiambre con su mano inhábil (es zurdo y no hay máquinas de cortar fiambres para zurdos) con su otra mano sostiene una pinza metálica para dar sensación de higiene a la transacción. Una vez más: pobre Harry.
Igualmente todo es un fraude. El único que se beneficia de la higiene de dicha máquina es el primero que va al almacén, pues luego de que le cortaron los primeros 150 gramos de mortadela Doña Coca, los siguientes 100 gramos de queso de sandwiche (palabra difícil de escribir, eh) ya vienen en mayor o menor medida “sucios”.
En mi caso los fiambres los marco un 60 por ciento arriba del costo; así, si igualmente me quieren torturar cortando 150 de queso de cerdo yo los jodo cobrándoles 27 pei los 100 gramos. A mi no me vengan a joder con eso del servicio y la defensa del consumidor, la política que existe en torno al fiambre es una mierda, es inhumano que una mortadela o salame llegue a costar el doble que un jamón cocido que tiene unos dos centímetros de materia grasa. ¿Con qué hecen esa "jamonada"? Nadie conteste, sino nunca más comen un embutido. Distinto es en los autoservicios; yo sueño con tener uno propio. Me imagino en la caja, sólo tocando el dinero y haciéndole caritas a las clientas y clientes mientras tengo a un muchacho de unos 16 años que no tiene más ganas de estudiar nada pués difícilmente se imagine como contador o ingeniero en construcción o plomero, atrás de la heladera de los fiambres por unos 3000 pesos al mes (1000 en ticket claro). ¿No me envidiarían?
Nunca más tocar un salame picado grueso, o lavar la máquina a las 11 de la noche luego de unas tremendas 15 horas de rebanar de todo tipo de invenciones disfrazadas de alimento, qué laburo, prefiero engrasar la cortina metálica que limpiar la máquina de cortar fiambre. Bueno, llegando al final recuerden: si su almacenero es jodido, pídanle que les corte fiambre, y si van a un autoservicio, denle unas monedas al muchacho, que lo que gana no le da para nada.

lunes, 3 de octubre de 2016

¿Magíster mata galán?





¿El universitario o la universitaria, la pone más que el bachiller o bachillera?

¿Tener un título o un posgrado, suma o resta a la hora del levante ocasional?

¿Es el ambiente académico una plataforma que favorezca el intercambio de fluidos?

¿Alguna vez fingió tener un título que no tenía para conseguir favores sexuales o llegar a vicepresidente?

Cuente su experiencia, opine sin tapujos.

martes, 22 de diciembre de 2009

No sólo de cerveza se vive en las fiestas

Bueno; tanto tiempo.

Si Dugui pudo volver, yo también.

Así que acá estoy de nuevo. Y en qué momento. Se nos viene fin de año, en Holanda en Canadá; los ensayos se complican; preparando, carnaval. Laraira raira, lararaira ra ra ra. O algo así reza el poeta.
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En fin de navidad hay que hablar y de lo que nos pasa a los almaceneros con ella: nos caga la vida. Nervios por la bebida y el calor que no llega, nervios por el aguinaldo que no llega, nervios porque el aguinaldo ni lo vimos, nervios para saber quién pasa en el barrio. Nervios porque no nos alcanzan las heladeras para enfriar todo lo que tenemos que enfriar; sea helado o cerveza o sidra o leche. El yogurt y la manteca pasan a un segundo plano y se quedan en ese tacho rectangular de plástico sudando como gordo que le tiene miedo a las olas.
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Lo cierto es que en esta época se nos complica todo bajo el disimulo de las soluciones. Es decir, nos ofrecen crédito y nos enbatatan (sí, con N) con 30 mil pesos la coca, 50 mil la cerveza, 20 mil conaprole (por los helados obvio) y que se jodan los demás. Pero claro, a principios de diciembre nos ofrecen crédito a 60 días y lo agarramos como locos. Y a mediados de febrero cobrale a jodete. No anda ni el loro en la calle, el fiado de enero no te pagó porque se fue con la familia y las tías a Kiyú y los pocos pesos que te entran se dedican a comprar cuadernos de 50 hojas y lapiceras para preparar la demanda de útiles escolares. Una cagada.
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¿Qué hacer ante esto? ¿Cómo prevenirlo? No hay manera. Hay que joderse y aguantarse. O hacer como el profe ese que inventó el antifútbol y parece que hizo historia porque ganó un campeonato uruguayo y practicar el antialmacén. ¿Qué significa esto? Seguir como si nada. Vender lo mismo de siempre. Total algo siempre te va a faltar, o con algo te vas a clavar. Y no te endeudas y no te cagas los 10 meses siguientes que faltan para el próximo diciembre pagando intereses a algún prestamista del estilo del Washy. Pobre Alf, así empezó Damiani hijo, y hoy tiene a Oswald de gerente deportivo.
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Pero volvamos a lo nuestro. Otra opción, mi favorita, y la más arriesgada: innovar. ¿Quién apoyó a Pablo Boselli con el padel? Nadie. ¿Quién apoyo a Espuelas con starmedia? Nadie. ¿quién apoyó a Raúl Rodríguez con asamblea popular? Nadie. ¿Y se equivocaron? Estos no. Pero sí se equivocaron los que no creyeron en Kesman cuando dio su imagen para representar a los autos chinos. Y hoy Sinca los defiende (me imagino, pues no leí esa columna). Se equivocó la familia de vuestra flamante primera dama Lucía Topolansky al despreciarla por guerrillera, comunista y tupamara con desviaciones pequeñoburguesas pues su origen es difícil de disimular ya que nació en cuna de oro como otros del blog que mejor ni nombrar; se equivocaron porque hoy es la mujer del presidente, y si todo sale bien se va a lavar los platos con Michelle Obama y con Carla Bruni. Si todo sale mal las caga a tiros.
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A qué voy con esto. He decidido innovar, no me tiembla el pulso ni la mano que pinta con tiza mojada el pizarrón para ofrecer el nuevo producto. Un producto que hizo grande al país. Que hoy llena las costas del Líbano: el ganado en pie.
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Sí. Empecé a vender ganado en pié para que se asegure su comprador la frescura del producto. Y para ahorrarme ese cáncer del comercio que es la intermediación frigorífica de la que tantos libros de economistas afines al pensamiento dominante de hoy en el Uruguay condenan. Fiel a mis orígenes quise vender pavos, pero no pude conseguirlos y me mandaron a cagar cuando hable de importar unos 14 para testear el mercado. Así que miré unas semanas Americando y dije Eureka. A meterle que son pasteles. Feliz navidad a todos y todas. Y no lo olviden, nombrando al blog o su director un 4,3 por ciento de descuento en animales en pie.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El 7 negro no llega a sudáfrica

Hoy le hacemos el aguante a Uruguay. Me siento un uruguayo más (creo que ser negro ayuda) y hay fiado sin recargo desde las 20:30 hasta que se termine el partido. Lo del fiado me lo recomendó el Estiven; creo que el curso de márquetin al que lo mandé me está rindiendo la inversión. Todos los días trae alguna idea nueva. Y ojalá el partido se vaya a alargue y penales para que dure un poquito más y la clientela se entusiasme y consuma. Voy a improvisar unas mesitas y unos cajones de verdura para estar sentados, dupliqué el stock de sidra y voy a incursionar con el vino “El Aguante”(otra idea del “Esti”). Porque a la celeste todos le hacemos el aguante; a mi me gustaría aguantarle los trapos a Lugano; y me gustaría que el “Pollo” (ese hombrón) esté citado para aguantarle los trapos también.
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Lo más importante es que en momentos de causas nacionales uno no puede quedarse en la chiquita y cuidar su chacrita, hay que ser generoso y por eso retiramos el recargo. Hoy se fía. Consuma y festeje junto a la celeste y pague mañana. El baño cuesta 5 pesos y las maquis tienen premio doble. Sólo por hoy.

martes, 10 de noviembre de 2009

Frutiiiillaaa

La columna de hoy es una denuncia. Hay colegas que avergüenzan al gremio. Y no es por inventar cosas en la cuentita del fiado o por cagar a los pensionistas con el cambio, sino por el manejo que hacen de parte de su oferta.
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Las frutas y las verduras son un dolor de cabeza para cualquier almacenero minorista que se precie de tal. Por muy sencillas razones, son fundamentales en el consumo, sus precios varían diariamente y se pudren antes que un litro de leche. Si bien aún sigue estando algo alto el precio de estos productos lejos está el invierno dónde un morrón rojo algo arrugadito llegó a costar 43 pesos. Había que tener una cuenta corriente bastante gruesa en el banco para poder comprar una plancha (cajón más chato que los normales) de morrón o tomate. Por otro lado no soy yo el que los va a ilustrar acerca de la pérdida de sabor de las verduras y frutas en estos tiempos. En esa época de carestía se habían traído una manzanas de chile, divinas; rojo brillante y lustroso, con una forma rara, cuadradita como un morrón de piel bien estiradita. Invitaba a meter una mordida. Y lo hice ni bien me llegó el primer cajón. Una mierda. Menos gusto que la leche descremada. Nada que ver no sólo con una manzana que se precie de tal, sino tampoco parecía una fruta. Realmente no tenía gusto a nada. Pero tá, la manzana de acá no se encontraba, antes había pasado con el limón, y hasta se llegó a importar papa de Argentina y de Brasil. El bolsillo del consumidor manda, y no se podía comprar productos para que las dos viejas me fiaran la cebolla a precio de oro y el resto del cajón se lo diera a las gallinas ponedoras que tengo en el fondo.

Igualmente esto no justifica las imágenes que ilustran esta columna, son tan increíbles cómo reales. ¿No vale más la pena no vender hortalizas que ofrecerlas así? A eso quería llegar, todos ustedes deben conocer almacenes o autoservicios que no “trabajan” el “puesto”. Y es porque se arriesga mucho en la pérdida del producto, es por eso que la fruta y verdura se marca por el entorno del 50 por ciento de su costo; para cubrir pérdidas. Entonces ¿qué necesidad hay de exponer e nuestros clientes a agarrarse una peste de la masita obligándolos a elegir en un cajón en el que lo más limpio es la madera? Ninguna.

Nótese igualmente la preocupación por mantener las formas al respecto del aciso de: "Atmósfera controlada"

Por todo esto desde este espacio reclamamos (así como lo hicieron los motociclistas) cordura a la hora de ofrecer productos. Esto tampoco tiene que ver con partidos políticos y también está en la mano de la ciudadanía. Por un gremio cada vez mejor.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Clausurado

Ayer no llegué a la columna. Y no fue como el “no llego al sábado sobrio”, o el “no llegué, mi amor”. Es que no estuvo ni la columna ni su almacenero de confianza en el lugar y la hora indicadas. Y no fue mi culpa. No. Fue culpa de ese Estado tan grande que achica la nación. Me cayó Bromatología, la DGI, el BSE, el BPS, el ACF4, el MTSS, el JVC, el TTL y el CCE (muitu melior qui boun). Me mataroan. Me dejaron patas pa´rriba. Sólo le falto entrar pateándome la pila de paquetes de comida para perro que tengo ahí al lado de la canasta de mimbre donde va el pan y las galletas de campaña.
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Me bajaron la cortina y me vejaron financieramente.
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Cualquier bolichero del ramo o afín, sabe que esto es una lotería. Que te vana a caer mañana o nunca, y al principio uno se prepara: esconde algún papelito, muestra alguna boleta, hace alguna facturita y da el RUT (ex-ruc) cada tanto. Pero el tiempo pasa y uno se confía. Y así como don Cipriano ya esta medio sordo y medio ciego, y no se quiere operar las cataratas porque esos cubanos comunistas le van a sacar los ojos para hacer algún experimento, y entonces cada vez entiende menos; uno le cobra siempre un poquito de más, unas veces 7, otras 13, otras 53 (no sé porque pero siempre números primos), y nunca se da cuenta el pobre viejo que es buena gente pero facho que da miedo. Lo mismo pasa con la serie de siglas que detallé arriba: confiás y te están cagando. Están esperando que bajes la guardia y te caen con un dispositivo que me río de la organización del acto final del FA (ché, qué mal, podían darle las sillas a los más viejos, al final ya no se respeta ni la edad); más carpetas que gente tuve adentro del almacén.
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Me decomisaron el whisky importado que me trae el cuñado de un vecino que viaja al interior en un reparto de CONAPROLE, los cigarros internacionales que combaten la carestía y el lucro de la tabacalera explotadora de Montepaz. Y todo lo que tenía borroneado la fecha de caducidad (y sí, algunos quieren que la caducidad siga); me mataron con una multa que no se animaron a decirme de cuánto era, y se llevaron al Estiven (mi empleado) porque dicen que no tenía el carné de salud al día.
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Me mataron. Me desmoralizaron, me dejaron quebrado, emocional y efectivamente. Y estoy en esas vueltas, buscando algún delfín amigo en el parlamento que me saque las castañas del fuego, pero me dijeron que están de cambio de turno y no se complican mucho por ahora.
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Así que decidí meterle pa´lante y arrancar ese cartel de clausurado y levantar la cortina y vender, y no facturar; tengo que juntar plata más rápido para pagar la multa, y supongo que 2 veces no me van a caer. Por lo menos me dejaron a Chatrán, les expliqué que sino las ratas me echaban en 2 días, y se ve que al final eran gente de buen corazón.

Espero que Sr. Director disculpe mi ausencia así como vuestra opinión también sea la de disculparme y no ofenderse. Sólo pedirles que me deseen suerte. Espero verlos en 6 días

martes, 20 de octubre de 2009

Vedo vedo...

Se vienen las elecciones y eso pone un tema de vital importancia en el tapete: la veda. ¿Es joda esto? Vengo de un país dónde hubo algo que se llamó “Ley seca” y que hizo que la gente matara por un bomboncito relleno de licor; y me cuentan mis clientes mas entrados en años que acá hubo una veda de carne en otra época, y que así y todo el pescado en este país sólo se lo daban a los gatos. Y el “viernes santo”; ¿cuánta gente come milanesas ese día sólo porque está prohibido?
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La respuesta: no sé, creo que mucha.
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El tema acá es que tengo qué desesperadamente comprar bebidas alcohólicas esta semana pues su venta se triplica. Supongo que para festejar o para ahogar los cargos de ascensorista no obtenidos en las urnas el alcohol corre como piquetero en vísperas de clásico del río de la plata, lo que se dice mucho.
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Entre mis clientes están los que son precavidos y compran de todo el viernes, hasta el alcohol azul para el primus, pero están también los que el mismo domingo a eso de las 11 de la mañana me vienen a pedir el litro de “clarete”, por lo general son los mismos que mandan a sus hijos de 3 o 4 años a comprar cigarros marca Milenio de a uno, y cómo saben que el “tío” Filip (así me llaman mis chiquitos) se los vende, me ponen a prueba cada vez que hay elecciones. Pero la respuesta es siempre no. y no por el hecho de ser norteamericano con el sentido de que de ahí se desprende mi amor incondicional y mi lucha inquebrantable para defender cualquier democracia; sino porque ya no queda. ¡Se lo compran todo antes! Gente que no toma nunca ese día se hace un asadito y lo riega con una pelota de 10. Abuelas ese día beben espinillar y los más jóvenes (más blandos por eso mismo) chupan sidra como esponjas. Claro que todos lo hacen luego de ejercer el derecho ciudadano y la obligación moral de votar; por lo menos los que se sacaron la credencial.
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Volviendo, ¿ustedes no toman el día de elecciones?, ¿no dejan para los últimos minutos el ir a comprar las bebidas espirituosas?, ¿no se calientan con el almacenero porque no les vende?, y si les vende ¿no lo juzgan como un mercenario por la ganancia de un vino en cartón?
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Estoy casi seguro que lo hacen.
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Este domingo yo me voy, que puteen a san corte electoral, no me voy a hacer cargo de algo que ya no tiene sentido sostener; así que cierro, me lo tomo libre, y como no tengo que votar me prendo al tele desde tempranito, miro a Cacho, Julio Alonso y Waldo, y mientras espero al “sordo” pienso: “y este programa cuando lo “vedan”

martes, 13 de octubre de 2009

Cambio de rubro


Esta semana pasó algo nuevo en el almacén; no es que me pagaran todos los fiados, ojalá. Es que anaxé la venta de electrodomésticos. Bueno, así suena un poco pretencioso, pero en realidad por más que sean usados y un poco viejos siguen siendo electrodomésticos.
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Lo llamativo fue que no reparé en el detalle más importante de la cocina que compré para vender. Porque sí, para vender hay que comprar. Otro día hablaremos de los vendedores, esos andróginos del dinero que muestran las ventajas que el producto tiene para mi y para mis clientes pero no les importa nada más que su propia ventaja. Já, no perdón, yo los quiero a los “corredores”, otro día hablamos de ellos. La cocina: 4 hornallas a gas, esmaltada, impeca, horno marchando: $ 450. Agarré una bandejita de cañoncitos de barquillitos rellenos y del otro lado le puse las características y el precio; demoró pero se vendió.
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Eso siempre lo reafirma a uno, es feo equivocarse y clavarse… con la mercadería. Pero esta vez fue diferente, me costó desprenderme porque hice lo que no hay que hacerle a las cosas: le puse nombre. Eso es como las vacas y los pollos y los chanchos, que si uno le pone nombre no los mata. A mi me dijeron eso, no sé. Pero ya está, la vendí.
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La historia comenzó a fin de mes cuando nadie tiene un mango y ya ni pedir fiado quieren porque les cobro un 8 por ciento extra en alimentos y 12 por ciento en productos de tocador (qué raro que se llame así: jabón de tocador; es raro) ya saben que no les fío cigarros o alcohol, porque si los vicios no se los pueden pagar que se jodan, aparte no me da la plata para bancar el consumo del barrio. En fin, fin de mes es bravo, azúcar y yerba suelta, de a 4 o 5 pesos, también aceite de soja suelto que mido en una mema vieja de vidrio. En otras palabras el doble de laburo por la mitad de plata, haciendo rayas en el mostrador hasta que los jubilados empiezan a cobrar y pagan lo anotado. Por eso se vuelve imperioso reconvertirse, salirle al frente a la miseria y meterle el pecho a la chicorea. Un sábado cuando cerré al mediodía me fui a una chatarrera a ver si encontraba una estantería estilo mecano dónde poner la polenta y el lentejón que me quedó hasta el invierno que viene (lo compré con fecha larga). Y ahí la hipnosis, el amor a primera vista, la ví y quedé impactado, se apedillaba con un nombre y tenía nombre de hombre; pero era blanca como una novia que espera en el altar. Pagué $ 270, la cargué en el carrito que engancho a la chiva y me la llevé pa´l almacén. Esa noche la usé, y ví que le podía sacar unos buenos pesos, hice matambre a la leche y se portó el hornito. Las fotos que les dejo son de ella, espero que comprendan el porque tanto cariño cuando vean su nombre, o su marca. A mi me dejó prendado.

Ahora ya es pasado, el primer paso del nuevo emprendimiento se ha dado, sólo resta reinvertir el dinero y multiplicarlo como Cristo con los pescados; ahora busco Primus.

martes, 6 de octubre de 2009

Escalera al cielo

Ayer un colega –obviamente me refiero a un pequeñoempresario del rubro almacén minorista, y no a un detective negro símbolo sexual como yo, al estilo Will Smith o Cuba Gooding Jr- me dijo: “El problema de la gente es que no tienen idea de para qué estamos acá, atrás del mostrador. Se creen o que es porque nos gusta, o porque les servimos, o porque nos gusta servirles. Son unos soretes. Estamos acá porque nos pareció una buena forma de ganar plata.”
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Y ahí me puse a pensar si eso era por lo que yo estaba ahí, atrás del mostrador. ¿O había otra cosa? Ahí mismo me compré una porción de budín de pan y me fui a abrir el turno de la tarde.
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Entre cortada de jamón y recarga de celular empecé a desandar los pasos que me trajeron a este lugar, que convengamos: ni muy muy, ni tan tan.
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Llegué a 1998, donde me fundo, me fundo en serio. Y estaba un poco quemado ya como actor, así que lo que conseguí fue promocionar un producto del que ya ni me acuerdo y era tan desgraciado en esa época que ni me pagaron. Les hice un juicio y se los gané. Me dieron unos dólares y creí que me había cambiado la pisada, así que me dediqué a la música.
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Me fue como el culo. Y no sé porqué. A mi hasta el día de hoy me gustó lo que hacía. Pero por las dudas me tome los vientos. Y llegué a acá, pero por supuesto, antes viví un tiempo en la Argentina, no me acuerdo quién era presidente, sólo sabía que era peronista. Luego acá en Uruguay me enteré que todos los presidentes ahí son peronistas, y que son todos chorros y una patota; pero a mi me pareció una gente de lo más linda de tratar.
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Volviendo, me vine acá huyendo del peronismo. Y casi no me quedaban dólares, y se estaba devaluando y yo ya no sabía como vestirme a la moda. Había tocado fondo.
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Deambulando por la noche, serían 11 y media más o menos quise comer un hot dog así que entré en el único comercio que encontré y la doña me dijo que ahí había panchos o chorizo colorado; ahhhh, me acuerdo como si fuera hoy, me enamoré del chorizo y lo compré con una flauta. Al otro día decidí volver al comercio, y la dueña estaba llorando, desconsolada. Le habían cortado el crédito en la Pilsen, ¡y era diciembre! Llorando me dijo que eran unos 400 dólares lo que debía, y que si no podía vender cerveza iba a tener que cerrar. Un gringo despierto, ahí mismo le compra el local. Yo no. Sólo pensaba que si ese comercio cerraba yo me quedaba sin mi embutido. Le presté la plata a cambio de fiado para comprar; la vieja me dijo que “vicios no fiaba”, me di cuenta que no tenía ni idea de quién era yo. Y luego me di cuenta que nadie tenía idea. Me hice habitué del almacén y me rebusqué un poco. A los meses la vieja se pianta. Había sacado 220.000 pesos en una raspadita y se le reventó el bobo.
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¡Me dejó el almacén a mí! Puso en el testamento que el hijo fue un vago toda la vida esperando heredar el almacén y que por eso no se lo dejaba; para que trabaje. El hijo tenía 32 años, pobre. Y puso que yo era un hombre que la segunda vez que la vi le di la alegría más grande de su vida y que por eso lo que ella había vivido desde ese día me lo debía a mi.
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Me cagué hasta las patas. Pero contraté al hijo y me puse de este lado del mostrador. Hoy soy feliz, y me gusta servirle a mis clientes. Porque en ese ratito son míos. Así que yo estoy de este lado porque siento que voy subiendo, y quizás como la vieja termine en el cielo.

martes, 29 de septiembre de 2009

Psicosis

El almacén típico del barrio tuvo una revolución este invierno, y fue la incorporación a la venta del alcohol en gel. En “El 7 negro” nunca se había visto ese producto, sin embargo fue de los que me salvó en junio y julio. Lo más parecido que había vendido eran unos cotonetes chinos que costaba el paquetito de 150 unidades unos 12 pesos. Lo cierto es que siempre aparece alguna amenaza que nos salva y nos mata a la vez. Nos mata en el sentido literal de la palabra y en el sentido “comercial” de la misma, pues esa amenaza genera psicosis en ambos lados del mostrador: el cliente por adquirir la solución a la amenaza y el almacenero porque cuando se le agota lo único que piensa es en la fortuna que no está pudiendo amasar por no tener repelente en barra cuando en el informativo hablan de cómo nos desangramos por dentro si te pica un mosquito más malo que Hitler. Ya saben a que me refiero. ¿Cuántos de ustedes no fueron corriendo al almacén cuándo luego del temporal aquel que inició la crisis de los Rupenián tirándole una antena, los meteorólogos anunciaron otro digno de ser visto en la peor película de cine catástrofe… a comprar velas?
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Me acuerdo del de los pingüinos en el canal 10 aconsejándole a la gente a viajar hacia el norte del río negro para evitar las consecuencias de la ira de Dios. En eso vino la Gloria, abuela del Maicol a pedirme plata porque lo iba a mandar al Maicol a tranqueras a lo de unos parientes por la tormenta. Obvio que no le di un mango. El Maicol es flor de cliente de masitas de a peso, y no me lo iba a perder por una lluvia de mierda; le dí unos cigarros sueltos para ella y un litro de kerosen “por las dudas” y le aclaré que yo esa noche estaba abierto hasta las 2 a.m. ¿Se acuerdan? No pasó nada y yo me forré de plata vendiendo hasta las velas de San Expedito.
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Pah, también estuvo la del aedes aegypty (si no se escribe así no me importa); fenomenal, ahí anexé el Off para la venta. Un pomito carísimo pero super rendidor. Le ganaba el doble y se lo llevaban igual; las tabletas las compraba a granel y las vendía sueltas, espirales, aerosoles y barritas de repelente. Buenísimo; cómo si fuera un farmacéutico me preguntaban si tenía “piretro natural”; yo les decía que sí, que eran las últimas, lo pagaban a precio de oro y lo usaban como si fuera arroz: sin importar gastarlo.

Pero lo de este año fue una locura, porque el alcohol en gel no sólo es carísimo, sino que es precioso de ver y de usar. Entonces como que le levantaba el estatus al boliche, yo lo coloqué en un estante al lado de los pañales sueltos “3 por 20” y parecía Tienda Inglesa. Un lujo. La gente lo miraba, miraba el “contenido neto”, sacaba cuentas… y compraba el más chiquito. ¿Solución? No compré más del chiquito y empezaron a llevar la botella de un litro. Me hice rico. Pero me dormí en los laureles, me dediqué a comprar tapabocas. Lo veía en los informativos, todos tapados hasta para pasear el perro (por acá andan sueltos), y pensé que iba a llegar eso acá. Pero no. A la gente no le gusta andar de tapabocas, creo que es porque se complica para fumar; así que me los clavé todos. Y el alcohol se me acabó, y no tenía un mango para comprar más y cada vez que me preguntaban si tenía alcohol me hacía un jaraquiri imaginario por la plata que no estaba ganando. En fin, me ganó el sistema. Ahora eso es sólo un recuerdo y espero la próxima psicosis global para repuntar, si tengo suerte la vaca loca llega a Uruguay y me forro vendiendo verduras.

martes, 22 de septiembre de 2009

Decime cuál cuál cuál es tu nombre...

Elegir el nombre de cualquier cosa no es de poca importancia, principalmente para la cosa a la que se le pone el nombre o para el que lo pone. El nombre no es nada menor a la hora de dar una imagen y reflejar un concepto. Hay un cuadro de fútbol que se llama Coraceros, ¿hay lío en esos partidos? No debería, pues se llama Coraceros. Dónde comprar un pancho más rico que en el “Rey del pancho”, o mejor carne que “El novillo alegre” o una compañía de transporte que se llame “Cita”.
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Desgraciadamente nada de esto se refleja en el ámbito que nos atañe: el almacén. Pululan nombres compuestos por las primeras sílabas de los 4 hijos del bolichero, o el nombre de su mujer y el de él juntos, o la suma del número equivalente en el alfabeto griego de las letras del nombre de su madre; en fin, artilugios dignos de nuestro señor Director a la hora de construir una intriga para una misión. ¿qué significa esto? El almacenero es un energúmeno que le busca dar “su” toque a todo, incluído el nombre del comercio, más allá de si es redituable comercialmente que mi almacén se llame “El barba”, “Los piratas”, “La familia”, “La amistad”, “Esperanza”.
Claro que los hay más originales: “rojo el 42” supongo que ganó algo con ese número. El error radica en que la clientela no va a “el barba”, le dicen al mocoso de 5 años: -andá a lo de Pedro y traete 2 flautas y una manteca con sal-, y si le preguntan no saben como se llama el boliche, pero dicen también voy al Disco o voy al Multiahorro (nombre largo y cacofónico cómo la misma mierda) o hice las compras en el Yeán que es más barato (aunque se tomó 2 ómnibus para ir y volvió en un taxi de la costa de oro a La teja). Compran la leche en lo de Carlos o lo de la Pola, no en “Minimercado los responsables” o en “Autoservice la plata rinde”. Muchas cosas fueron graciosas en ésta investigación de nombres, pero recuerdo “Wal-Mar” así escrito en la zona de Bella Italia, el dueño se llama Walter y su mujer Marta. Genial. Imagino que ustedes tendrán muchos otros más graciosos aún que éste. El hecho es que es fútil en materia de rentabilidad para el almacenero preocuparse por dejar su impronta o su huella en el nombre del comercio, pues nadie lo registra, y muestra las miserias (en muchos casos intelectuales) de cada uno. Los hay más pragmáticos; los que no tienen nombre, unos afiches de Stella Artois al lado de otros de Refresco PP KU y uno ya sabe que allí dentro estará la solución inmediata a mis impulsos de pequeño consumo. Estos a mí no me gustan. Yo creo que es bravo ya estar de este (el otro para ustedes) lado del mostrador como para no poder darme el lujo de saber que ahí arriba del portón de chapa y reja de la entrada de mi almacén reza la frase que me define, todo lo que engloba mi mancomunión con mi almacén. Por eso defiendo los nombres de almacén por más al pedo que sean. Tienen que estar. Uno de estilo antihéroe es el nombre de la ilustración, pero que puede esperar uno al cruzar el umbral de ese club. Tan simple como lo que dice allí arriba.
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En mi caso me dejé vencer por las influencias sajonas y africanas de mis raíces, le quise poner “el lobizón”, pero me dijeron que ya existía algo llamado así “Séptimo hijo” sonaba muy solemne, así que me calenté y le encajé a una madera de celosía que colgué arriba de la puerta: “El 7 negro”

martes, 15 de septiembre de 2009

Todo por 2 pesos

¿Quién iba a pensar que con 2 pei hoy un uruguayo puede hacerse rico? Espero que nadie, y aunque se esté en tiempos de promesas ojalá a ningún personaje político se le ocurra tal afirmación.
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Sin embargo hay cándidos que caen en eso; vienen al almacén y “se juegan unas monedas”. Se habla tanto de descentralización que el casino llegó a los barrios, es más, llegó al almacén. Con 2 pesitos jugás en unas maquinitas de sonido infernal y regresivo que me recuerdan a aquellos pianitos de juguete de la década del 80 en los que sólo se podía tocar el feliz cumpleaños o esa del puente de Londres. El hecho es que cualquiera hoy puede acercarse a mi local y divertirse sanamente dejando su dinero a cambio de nada. ¿Qué gano yo? La misera suma del 50 por ciento de las monedas que se encuentren en la visita semanal de su dueño; yo le doy el espacio físico y el divide la ganancia; me parece justo, yo me preocupo más porque él no se funda que porque la pepsi se cruce con lays y empiecen a fabricar “pecsi” con pedacitos de chizitos flotando en el interior de la botella.

Al principio no entendía mucho cómo esto me iba dar plata, hasta que me llevaron a un almacén allá por el hipódromo y vi que era más grande el salón que don Carlos le había dado a las “maquis” que al almacén propiamente dicho, me quedé un rato mirando y unos parroquianos iban cada cinco minuto a cambiar de a 20 pesos para jugar hasta que se quedaban desplumados. Yo no ponía inversión y ganaba plata; justo me había peleado con el huevero y tenía el espacio libre. 2 maquinitas eran suficiente para probar. La primer semana hice “4 lucas” (qué gracioso se habla aquí) de ganancia. Le puse unos banquitos y un cenicero, negocio redondo sino fuera porque cada vez que me querían cambiar plata me demoraba un montón contando 50 pesos o cien en moneditas de a dos. Al mes me mostraron la solución: “porqué no pesas las monedas”. Qué nabo. Ahora si me piden monedas las vuelco en la balanza y le pongo el peso por quilo, esas monedas realmente no valen lo que pesan.
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A veces se pone feo el ambiente, nunca falta el que no quiere perder o el que quiere fiado para jugar, pero tengo un cartel enorme que aclara: VICIOS NO SE FÍAN. Clarito.
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Los vicios los combatí mucho tiempo en Miami, en Montevideo los vendo al contado