miércoles, 19 de octubre de 2011

Esposo vs. Bestia Parte II



(Ver parte I)

Cuando Blanquita supo de la noticia se alegró al principio. Pero luego dudó que su esposo fuera capaz de lograr semejante labor.

Con lo que no contaba Waldemar era que las inundaciones del 59 habían convertido al jardín de los Ibarburu en un pantano impenetrable, hecho que sí conocía bien su empleador, el inescrupuloso y ventajero Juan Carlos Maleza.

Partieron entonces en el mediodía de un lunes, el jardinero y su nuevo ayudante hacia el caserón de los Ibarburu. Luego de 20 minutos de viaje en carro menuda fue la sorpresa de Waldemar, al verse con su carretilla de herramientas en manos frente a semejante escenario.
"A trabajar!" Vociferó el Sr.Maleza mientras hacía la seña para que le pasen el rastrillo de mango largo.

Corrían las horas y Waldemar ya avecinaba un final nefasto ante tamaño desafío, cuando de pronto, cerca entre las hortensias se lo vio pasar al señor de la casa, muy orondo y correa en mano con su mascota, un oso pardo de una tonelada al que llamaba "Chiquito".

Pasado el susto, Waldemar resolvió uno de los males menores que lo aquejaban aquella tarde, ya que tamañas plastas que había estado recogiendo por doquier en aquel jardín, no eran propias de una mascota común.

Chiquito era un oso entrenado, al que el Sr.Ibarburu había comprado a un circo ruso tiempo atrás. Formaba parte de un acto en el que boxeaba con un hombre durante 3 rounds.
El actual dueño no pudo lograr desde su adquisición, que el tremendo mamífero se enfrentase con algún cristiano valiente, y era conocido por aprovechar cada instancia para lograr tal objetivo.

"Veo que ha traído usted un ayudante...". Comentó el Sr.Ibarburu al jardinero.

Continuará...

Adelanto de la próxima semana:

... Waldemar intenta cubrirse del cross de izquierda propinado por chiquito...


4 comentarios:

Andrés Reyes dijo...

Qué grande.

Confieso que mi padre, español de nacimiento, me contó cómo una vez apareció un oso boxeador en su pueblo. Parece que había premio para el que lo tirara. Según mi padre, su tío, que era medio pendenciero, logró tumbar de una piña al plantígrado elemento. Y así se desató la hecatombe, porque el oso montó en cólera, y porque su dueño al parecer no tenía la plata del premio en cuestión. Así que habrá pateado el ring y dado a la fuga, como hacen los de la mosqueta.

Andrés Reyes dijo...

La historia es apasionante, ¿tenemos que esperar otra semana?

fernando dijo...

Si, solo una semanita más.
La parte III es el desenlace.

pipicui dijo...

Osos eran los de antes...